Abuelos

 

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En cierta ocasión leí a un periodista local que en los peroles, en las ollas de la memoria y del cariño los abuelos siguen vivos.Desgraciadamente yo no llegué a conocer a ninguno de mis abuelos y es cierto que sin ellos perdí en mi niñez el poder pasear agarrados de la mano por esos bellos jardines del María Luisa, ni montarme en los cacharritos de la Feria, ni escuchar esos cuentos llenos de sabidurías que salen de los labios maduros de la ancianidad o huir del mal genio de algunos de ellos, ni ver a los payasos en el circo, ni jugar en la piscina, ni a jugar en hacer cuentas de multiplicar... Ahora los abuelos somos nosotros, gracias a Dios, y aunque nos parezcan mentira los nietos nos rejuvenecen, nos recuerdan hacer otras cosas ya lejanas y olvidadas. Nosotros les inculcamos los valores esenciales de la vida,pero las cosas nuevas son tareas de los padres. Mi reflexión personal es que los nietos llegan en el momento exacto de la vida en que te apetece tenerlos y poder disfrutarlos.

Por Alberto Álvarez Pérez. Diácono. 

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