Tiempo de Adviento

adviento
El Adviento es tiempo de conversión y esperanza en el Señor. Durante cuatro domingos y sus correspondientes semanas, hasta el día de la Natividad, preparamos el corazón para aguardar la venida de Jesucristo. Tiempo de conversión, de cambiar cosas en nosotros para allanar los caminos del Señor. Si esperas la visita de alguien muy importante y muy querido para ti, ¿no engalanas tu casa? Pues lo mismo nos sucede en la espera de Jesucristo, quitando los obstáculos que nos impiden una vida más cercana al Evangelio.

El Adviento tiene dos dimensiones. Una es escatológica, es decir, relacionada con los acontecimientos que tendrán lugar al final de los tiempos. Porque la historia, nuestra historia, lo mismo que tuvo un principio tendrá un final. Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. La Sagrada Escritura, las palabras de Jesucristo, son perfectamente claras en eso. Pero no sabemos ni el día ni la hora en que sucederá esto. Tampoco el modo. Sí sabemos que Jesús vendrá y todo será recapitulado en Él. Y mientras llega, los cristianos preparamos sus caminos trabajando para que en este mundo siga creciendo el Reino de Dios, un reino de amor, de justicia y de paz. Por eso el Adviento es tiempo de conversión. Somos los cristianos los que tenemos que vivir las actitudes que construyen el Reino de Dios para que vayan naciendo el cielo nuevo y la tierra nueva. Y lo hacemos en la esperanza, confiando en la misericordia del Señor.

Pero Jesús ya vino entre nosotros, asumiendo nuestra carne, para salvarnos del pecado y de la muerte. Nació de la Santísima Virgen María en la humildad de un pesebre. Creció en estatura y gracia ante Dios y los hombres, custodiado por San José. Pasó haciendo el bien con signos y palabras. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Muriendo en la Cruz y resucitando, nos dio vida eterna. Ésta es la otra dimensión del Adviento: preparación para conmemorar el nacimiento del Señor. Merece ser bien celebrado, ¿verdad? Por eso hay que prepararse bien, pero sin caer en el consumismo. A pesar de que la crisis económica nos ha obligado a ser más austeros y, a partir de ahí, a redescubrir qué es lo importante y fundamental, lo cierto es que la preparación de la Navidad no debe llevarnos a gastos excesivos. Sería una gran contradicción, pues el nacimiento de Jesús en Belén es sencillez y pobreza, es entrega por los demás y especialmente por los más desfavorecidos. De todas maneras, en las distintas iniciativas que llevan a cabo, por ejemplo, las hermandades de nuestra Parroquia en esta época, tendremos la ocasión de compartir nuestros bienes para que sean repartidos a las familias que en tan gran número acuden a Cáritas Parroquial o a las diversas diputaciones de caridad en nuestras casas de hermandad.

Vivamos el Adviento, pues, en la conversión y la esperanza. Tenemos a la Santísima Virgen María como compañera en la espera de Jesucristo En pleno Adviento celebraremos la solemnidad de la Inmaculada Concepción, en la cual de alguna manera se anticipa el gozo y la alegría de la Navidad. Demos gracias al Señor que nos dio como Madre a su propia Madre, a la cual eligió y preparó como arca incorruptible. Limpia de toda mancha de pecado original, mujer de fe, la Santísima Virgen María nos lleva de la mano por las sendas del Adviento. Pidamos su intercesión para que nuestra conversión sea profunda y sincera, y obtengamos del Señor esa esperanza confiada que tanto necesitamos.
Y que Jesucristo, el Señor, única luz de nuestras vidas, nos bendiga.

Marcelino Manzano Vilches, pbo.
Párroco de San Vicente Mártir.

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