Feliz Navidad

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“Pastores, dicite, quidnam vidistes?” Un sublime motete de Cristóbal de Morales, el gran compositor sevillano del siglo XVI que fue maestro de capilla de nuestra Catedral, lleva este título tan sugerente, en el que se hace una imaginaria pregunta a los pastores que recibieron la primicia de una de las noticias más importantes de la historia de la humanidad. Decidnos, pastores, ¿qué habéis visto? ¿Por qué vuestros rostros reflejan una alegría tan grande? ¿Qué habéis visto, que os ha transformado la vida?

Y los pastores nos contarán que un ángel, con su resplandor, reflejo de Dios, con su voz clara y poderosa, les ha anunciado una gran noticia: ha nacido Jesús, el Señor. Y lo encontrarán en un humilde pesebre, en Belén de Judea, con su madre, María. Y estará también José, el hombre bueno y justo que será custodio y protector de esta Sagrada Familia. ¡No hay gozo más grande que el contemplar a Dios nacido entre nosotros! ¡Qué grande es su amor, pues su divinidad se ha rebajado para compartir nuestra humanidad, para que podamos compartir su vida, liberados del pecado y de la muerte!

Los pastores de Belén, gente sencilla y humilde, son los primeros en recibir la gran noticia porque Cristo viene a anunciar el Evangelio a los pobres, como explícitamente dirá en la sinagoga de Nazaret al comienzo de su predicación. Y es que el Señor nace en la sencillez, humildad y pobreza de una cueva para refugio del ganado, en la exclusión porque no ha encontrado posada, en la persecución de un rey como Herodes que no tolera poderes más grandes que los generados por el poder cuando es ejercido como violencia y no como servicio. Por eso, en la Navidad hemos de buscar la sencillez, humildad y pobreza del alma como el mejor camino para encontrar a Jesús, como supieron hallarle los pastores tras las indicaciones del ángel. La Navidad es una gran oportunidad para, en el calor de la familia, reencontrarnos con la autenticidad del Evangelio que nos lleva  a la plenitud de la vida.

Hemos comenzado diciendo que el nacimiento de Jesucristo es una de las noticias más importantes de la historia de la humanidad. Pero, ¿puede haber otra del mismo rango? Sí, y si me apuras, casi mayor. Unos años después de que en Belén de Judea, la gracia de Dios se hiciera visible en el Verbo hecho hombre, en concreto treinta y tres años después, el Verbo, la Palabra hecha carne, nuestro Señor, morirá en Jerusalén y resucitará de la muerte para nuestra salvación. Y es que Jesús nace para morir y entregarse por nosotros. Por eso, en los días del tiempo litúrgico de Navidad, cuando besemos la imagen del Divino Niño, en nuestra Parroquia muchos de nosotros, cuando vayamos también a venerar las imágenes del Stmo. Cristo de las Siete Palabras, del Señor de las Penas o del Señor de la Divina Misericordia, haremos, tal vez sin saberlo, ese camino teológico que va de Belén a Jerusalén, del pesebre a la cruz. El camino de Cristo para salvarnos. Y  tanto en Belén como en Jerusalén, tanto en el pesebre como en la cruz, estará María, la Madre de Jesucristo y nuestra Madre, para estar con Jesucristo y con nosotros, animándonos con su mirada de dulce amor y misericordia.

Queridos hermanos y hermanas, de todo corazón, Feliz Navidad del Señor.

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